Esto por Bolaño… 14 de marzo de 2009
Todo parece indicar que todo aquél que sea digno de la palabra escrita debe cumplir, sino todas, algunas de las siguientes características: padecer insomnio, llamarse ente solitario a manera de jactancia, estar privado de cualquier habilidad dancística o deportiva, tener predilección por cualquier sustancia adictiva y una gran capacidad de adulación cuando se trata de hablar de alguno de tus amigos escritores. Yo, ni tengo amigos escritores de los cuales hablar, duermo a mis horas, bailo bien, gusto del deporte en algunas ocasiones (sólo con el afán de luchar infructuosamente contra la genética) y aunque he pasado momentos divertidísimos (y también tristísimos) alcoholizada con suma frecuencia me abstengo por aquello de la gastritis, la panza chelera, el bolsillo y una razón más que no he de confesar ni aquí ni ahora pero que atañe a mi casi nula conciencia de la moralidad.
Pues bien, Bolaño sale a colación porque me acabo de enterar de que era casi español y que por eso sus libros son tan pinches caros. Todo el mundo habla de él, todo el mundo lo lee y parece ser “lo de hoy”. Yo no sé, tengo en mi poder uno de sus textos debido a circunstancias casuales pero sobre todo a Víctor quien me lo ha prestado. Llevo sólo unas páginas y entiendo porqué a todo el mundo gusta: por lacónico, osado y directo.
Víctor Hugo me lo prestó porque en uno de esos artículos escribe a propósito de la fotografía. Cuando me lo entregó intentó encontrar la parte en la que se hallaba ese texto para unos minutos después decir que lo hojearía y lo encontraría, lo cual representaba tener que leerlo todo para encontrar las dos o tres páginas deseadas. Hoy, después de saltarme el prólogo, y una vez que dispuesta a comenzar por el principio aunque no entendiera el noventa y nueve por ciento de las referencias aludidas, las páginas deseadas surgieron emitiendo terroríficos sonidos guturales. A decir verdad tuve miedo, me detuve, arranqué un pedazo de papel para hacer la separación. No era el momento. Esperaré a mañana. Baste por ahora recordar un sueño que tuve hace unos días en el que fotografiaba un rostro femenino, ha pasado demasiado tiempo, diablos, debí escribirlo antes…en fin, lo importante del sueño es que fotografiaba y a través de la mirilla el rostro de esa mujer se me antojaba más hermoso. Utilizaba una cámara análoga (seguro la antigua Mamiya familiar) a diferencia de otro fotógrafo que hacía miles de tomas con una cámara digital carísima de París. Mis fotos eran mejores, por supuesto. La sensación de saberlo todo transformado detrás del obturador me hacía sonreír maravillosamente. Y así desperté. Saludos Bioy.