lunes, 12 de julio de 2010

9 PM

Al mirarte, la poesía se me queda entre las manos. Aspiro tu huella, me detengo ante el brillo de tu piel, te acaricio. De lejos o de cerca parecieras más alto, más fuerte.
Es el esplendor de contemplar la curvatura de tus hombros, la redondez de tu nuca, la fuerza de tus muslos, el atardecer de tu espalda.
Por las noches, como un felino habitas el mar de mi corazón.